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domingo, 21 de octubre de 2007

TUYA SIEMPRE

(Una casa de una sola planta en Guadalajara, Jalisco)

Personajes:
Patricia
Fabián

Patricia.- Me voy.

(Un viento sopla hasta tirar la casa; nadie se da cuenta)

Patricia.- ¡Ayúdame!

(¿Por qué las luces siguen alumbrando de ese modo?)

Patricia.- Si no tú te atreves a salir de toda esta… ¿Qué haces? ¿Vas a recoger ahora la ropa seca? ¡Te estoy hablando! Por eso no podemos seguir: ni siquiera estás aquí, tienes la mente perdida en… asuntos. ¡Armando! Estoy hablando de nosotros, de lo nuestro; te estoy diciendo que me voy a ir y te pones a recoger la ropa seca. ¿De que se trata?

(Pero se vuelve el aroma del oxigeno y hay un pájaro dormido entre las ramas del árbol)

Patricia.- Dijiste que ni las lágrimas nos iban a separar; lo sacaste de esa canción ochentera que ponías para bañarte a las seis de la mañana. ¿Crees que no me di cuenta? Yo también entiendo un poco de ingles.

(Los niños cantan como los locos)

Patricia.- Ponías el radio a todo volumen para demostrarle quién sabe qué al esposo de Conchita, que se levantaba más tarde, y yo me puse de tu lado, a pesar de que concha era mi amiga; le dije que nosotros teníamos derecho a hacer lo que se nos antojara en nuestro departamento; como si no le hubiéramos tenido que aguantar sus alaridos a las tres de la tarde. ¡A las tres de la tarde! Oye, hasta para coger hay horarios.

(A veces la campanilla del camión de la basura, emite una tonada que me recuerda mucho al bolero de Ravel)

Patricia.- Esa Conchita era medio hipócrita, pero muy buena amiga: el día que te peleaste con su marido, me vino a ofrecer un trozo de bistec para que se te bajara la hinchazón del ojo… Y nunca me acosté con él, si es lo que querías saber. Esas ideas las fuiste inventando para tranquilizarte la conciencia. ¿Crees que soy tan pendeja?

(Nunca hay nada bueno en la tele)

Patricia.- Me da igual. Lo que quiero es que me regreses los papeles de la casa de mi mamá: te has estado haciendo tonto desde agosto pasado y a mi mamá ya le urge su titulo; es de ella. Si quieres que te lo vengan a pedir mis hermanos, es tu problema, yo ya me cansé de dar la cara por ti. A ver como le haces. Y nuestra casa, me la quedo yo; si quieres llévate tu mugre carcacha, igual de miserable que tú: boicoteándote, poniéndote el pie tú solo en lugar de esforzarte para que pudiéramos tener aunque sea un lugar decente donde vivir. Porque si no es por mi, seguiríamos en la casa de tu mamá, mendigando huevos con tortilla a las seis de la tarde, cuando ya las tripas se empezaban a comer entre si. ¡Por eso me dio la colitis! No porque estuviera loca; por la pinche vida en la que metiste cuando me fui contigo, enamorada, a una ciudad en la que no conocía a nadie aparte de ti, creyendo que el amor era todo: y me quedé sola. Porque vivir contigo era igual que no estar con nadie. ¿Ese era tu plan? ¿Traerte una escuincla pendeja de provincia? Bajarle la luna y las estrellas para llevártela donde no pudiera defenderse. ¿Por qué me sacaste de mi casa? Si allá yo estaba bien, sin conocerte. ¡Es que me secuestraste! Mejor me hubieras matado; hubiera preferido eso, a tener que sufrir por alguien que… ni siquiera vale la pena.

(Es extraño: no puedo reconocer este espacio adentro mío, como si me acabaran de meter en un cuerpo nuevo, lleno de historias desordenadas, de archivos desbordados sin acuerdo por todo espacio)

Patricia.- …dime algo…

(Tengo comezón)

Fabián.- Yo así no puedo: ni siquiera mueves las nalgas. Voy a echar una meadita a ver si cuando regrese ya se te pasó ese trip.

Patricia.- Por ahí te metes en la taza y le jalas.

(Sabanas de aceite granulado, techo necio)

Patricia.- Hijo de la chingada… ¡Me volviste a dejar el condón adentro! ¡Cabrón! ¿No entiendes que la píldora del día siguiente no sirve así? Entre más la usas es menos efectiva. ¡Aunque no te hayas venido! Siempre se sale algo.

(¡Razón! Al fin te encuentro)

Patricia.- ¿Me perdonas? Ya sé que estoy insoportable, pero ponte en mi lugar: no es fácil. Nada más dame tiempo; no sé cuanto; en lo que me hago a la idea. Yo sé que es sólo una etapa por la que tenemos que pasar y después vamos a volver a estar bien, tú y yo, como antes. Es como dices tú: ni las lágrimas nos separarán. ¿Verdad? Porque somos cómplices. Podemos superar esto, hemos pasado cosas peores juntos, como cuando nos tiraron el tronco ése en medio de la carretera y nos tuvimos que parar. Íbamos a Cancún. No teníamos en que caernos muertos, pero tú dijiste: “vamos a salir de esta pinche depresión, yo me pongo a vender mis cuadros en la playa, mientras tú les haces trencitas a las turistas y con eso sacamos para comer”. Esos hijos de la chingada nos quitaron todo: los materiales, el carro; quién sabe que me hubieran hecho si no te hubieras aferrado a mí; yo me hubiera dejado: tenía miedo de que te mataran, pero no me soltaste, y cuando dijeron: córranle, me llevaste de la mano y me sostuviste para que siguiera, hasta que encontramos un pueblo; yo le quería hablar a mi mamá para que fuera por mí, pero no me dejaste: te pusiste a trabajar en el rancho ése y conseguiste dinero para que después termináramos yéndonos a la playa, con hotel y todo.
Esto que estamos pasando es como un tronco en el camino Armando, y tengo miedo, tú sabes que tengo miedo, pero sé que nada me va a pasar porque estoy contigo, porque no me vas a soltar de tu mano. ¿Verdad? No me vas a dejar aquí: en medio del camino. ¿Verdad que no? Porque yo te amo. ¡Te amo! Si, eso es. No me voy a dejar vencer por el miedo: ya no. A partir de hoy voy a defenderte, a defendernos, porque estamos juntos en esto y no me importa si mi mamá está de acuerdo. Yo sé que todos tenemos una oportunidad, y esta es la mía; no la voy a dejar ir. Te amo Armando, te amo. Ahora lo sé. Voy a vivir contigo siempre porque de otro modo no puedo. Esta decisión es para siempre: ya no tengo dudas: si me aceptas o no, ya no me importa: soy tuya: haz conmigo lo que quieras.

Fabián.- Ya olvídate de ese pinche Armando, se fue… O tú te fuiste y él se quedó allá. Da lo mismo porque nunca te buscó. Seguro ya está con otra…

Patricia.- ¡No, no, no, no! ¡No me puedo olvidar de él porque no puedo vivir! ¿No ves que no puedo? ¡Mírame! Me estoy desangrando: siento que se me va la vida detrás de él, y no lo puedo buscar porque me mandó a la chingada y yo me fui, pero le dejé mi cabeza ahí y siento que no puedo traerla de vuelta. ¡Me estoy volviendo loca! ¡Ayúdame! Mátame por favor, golpéame hasta que pierda el sentido y no me despierte nunca porque no puedo más… ¡Espérate! No me dejes así, ayúdame. ¿A dónde vas? ¿Por qué, por qué? ¡ARMANDO! No puedo ya, no puedo…

(Atravesado. Tratando de mover un dedo. ¡Hijo de su puta madre!)
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